Seminário de Teoria Constitucional e Filosofia Política

La visita de Ronald Dworkin pasa a la mejor parte de la historia de la Facultad de Derecho. Extraordinario verlo, al borde los 80 años, pidiendo más tiempo para discutir con estudiantes y profesores, más tiempo para más preguntas, respondiendo sobre los temas más variados, desde el concepto de “verdad” hasta el aborto o el uso del castigo en situaciones de injusticia social. A esa edad, sigue siendo de los pocos académicos que han tomado sistemáticamente posiciones de avanzada, sobre todos los temas de interés público: desde la crítica a Guantánamo y a las políticas de seguridad de Bush, a la justificación de la desobediencia civil, los derechos sociales, las acciones afirmativas o los derechos de grupos.Para quienes conocen menos sobre la obra de Dworkin, y sobre la infuencia de esa obra en la Argentina, agrego unos párrafos del excelente discurso del amigo Marcelo Alegre, previo a la entrega del honoris causa a Dworkin. Van los párrafos:


La entrega de este diploma es una buena ocasión para reflexionar sobre la profunda pertinencia de las ideas y argumentos del Profesor Dworkin, en particular respecto de nuestro país. Al fin de cuentas, este doctorado es, antes que nada, una forma de agradecimiento por los aportes del profesor Dworkin al mejoramiento y al progreso del Derecho y de su enseñanza en la Argentina.

Cuando se recuperó la democracia, a fines de 1983, muchas de los textos de Dworkin ya eran conocidas en nuestro medio. Desde entonces, sus ideas iluminaron debates y avances cruciales para nuestras libertades. Una de las primeras tareas de la nueva democracia, a cargo de sus jueces, era la de construir rápidamente una nueva jurisprudencia constitucional, que reemplazara las concepciones jurídicas autoritarias, oscurantistas y represivas vigentes luego de medio siglo de inestabilidad constitucional.…(Su) comprensión robusta de los derechos se plasmó en fallos como Bazterrica o Sejean. En Bazterrica la Corte Suprema declaró la inconstitucionalidad de la punición de la tenencia de drogas para consumo personal. Este precedente fue dejado de lado por la Corte de los noventa. Cuando dos décadas más tarde la Corte actual reivindicó a Bazterrica, se basó en escritos del Profesor Dworkin para afirmar, citándolo:

“el Estado tiene el deber de tratar a todos sus habitantes con igual consideración y respeto, y la preferencia general de la gente por una política no puede reemplazar a las preferencias personales de un individuo.”

En el fallo Sejean (que declaró la inconstitucionalidad de la prohibición de contraer segundas nupcias a las personas separadas) el Juez Petracchi se basó en la obra del Profesor Dworkin para sostener que:

En la primera parte de nuestra Constitución se encuentra destinada a proteger a los ciudadanos, individualmente y en grupo, contra ciertas decisiones que podría querer tomar una mayoría, aun cuando ésta actuase siguiendo lo que para ella es el interés general o común.”

En la causa “González de Delgado”, la Corte avaló la decisión de la Universidad de Córdoba de permitir la inscripción de mujeres en el Colegio Montserrat de Córdoba. Frente al agravio de los padres que se oponían a este cambio y acusaban a los jueces de legislar, el Juez Petracchi formuló una extensa cita del libro Una Cuestion de Principio, en la que el Profesor Dworkin cuestiona la pretensión de apoliticidad de la lectura conservadora y originalista de la Constitución. La cita concluye así: “Basarse en la teoría política no es una corrupción de la interpretación, es parte de lo que la interpretación requiere”.

Otra tarea de la democracia naciente era la de restaurar una noción básica de igualdad ante la ley. Esa tarea hacía inaceptable la impunidad de los responsables de las atrocidades de la dictadura.

En 1985, nuestro homenajeado estuvo en Buenos Aires y asistió algunas audiencias del histórico Juicio a las Juntas, seguido contra los comandantes de las Fuerzas Armadas, varios de ellos ex-presidentes de facto, en un contexto de amenazas al gobierno democrático, y bajo la acechanza de un aparato represivo aun intacto. Sus impresiones, junto a un lúcido análisis de la historia de la violencia en la Argentina del siglo XX, y a una vívida defensa de la necesidad de juzgar y castigar a los responsables de las atrocidades, fue publicado como el prólogo a la versión en inglés del Nunca Más, bajo el expresivo título: “Crónica desde el infierno”…concluía Dworkin, tomando una posición fuerte, que se volvería muy relevante en los años futuros, para la Argentina, pero también para Estados Unidos y el mundo entero:

“Debemos esperar que el gobierno de Alfonsín acepte el riesgo y procese a cualquiera de quien pueda probarse que torturó o mató a civiles, aún siguiendo órdenes, aún si resultara que solo un pequeño número de personas fuese condenado… El mundo necesita un tabú sobre la tortura. Necesita una creencia indudable y arraigada de que la tortura es criminal en cualquier circunstancia; que nunca puede haber una justificación, o excusa, para esa práctica: que todo aquél que la infringe comete un crimen contra la humanidad.”

…Las ideas de Dworkin son relevantes también en materia de de derechos sociales y económicos. Su concepción de la igualdad de recursos es aún más pertinente jurídicamente en la Argentina que en los Estados Unidos, donde todavía sólo una minoría de juristas lee derechos sociales y económicos en la Constitución…

Del mismo modo, las reflexiones de Dworkin sobre la desobediencia civil son especialmente útiles para ayudarnos a eludir las reacciones facilistas frente a fenómenos complejos como las acciones de protesta que llevan a cabo quienes objetan la validez legal de una norma o de un curso de acción estatal. También sus escritos sobre las acciones afirmativas ha mostrado que éstas no violan derechos y que son una herramienta legítima y eficaz para lograr el objetivo de la diversidad.

En nuestra Facultad, igual que en buena parte del mundo, sus obras lideraron la renovación de las ideas filosóficas, en nuestro caso contribuyendo a la liberación del pensamiento iusfilosófico de los límites marcados por la disputa entre el positivismo lógico y el iusnaturalismo tomista.

(Foto: Lucas Arrimada)

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